No quiero porque quiero.
No quiero la dependencia, no quiero tener que estar bien, no quiero esconderme cuando estoy triste ni vestirme para irme. No quiero esa intimidad barata, no quiero decirte mis miedos para que los guardes como pequeños payasos diabólicos en un armario y los dejes salir cuando quieras alejarme. No quiero mostrarte esos puntos donde aún duele que pasen y que decidas recorrerlos a diario. No quiero compartir el lugar más feliz del planeta, ni el más triste y que construyas allí un centro comercial, un casino o un bar.
No quiero que entres por la puerta y emocionarme desde que subes las escaleras, no quiero cometer los mismos errores, no quiero confiar con los ojos cerrados, no quiero creerte pero tampoco quiero que te esfuerces por ganarme, no soy un trofeo. No quiero ser tu juguete, ni tu mascota. No quiero que me saques a pasear cuando tienes tiempo y que me dejes en una esquina cuanto estás ocupado. No quiero depender de lo que haces, dices y respiras. No quiero que dependas de mi estado de ánimo.
No quiero fracasar. No quiero que me dejen de gustar las cosas que me apasionan. No quiero servirme la comida fría y comer por inercia después del trabajo, frente al televisor. No quiero levantarme todas las mañanas queriendo que llegue la noche. No quiero realidades grises, de tonos apagados que no dejan alegrías.
No quiero que notes que puedes lastimarme, no quiero que sepas que soy vulnerable. Odio que me veas llorar. No quiero abrazarte y descargar mi tristeza en tu hombro por un mal día de trabajo o un sueño que se quebró, para que después te limpies las lágrimas con asco creyendo que son mocos. No quiero que te des cuenta que no siempre estoy feliz y busques felicidad perpetua en otros. No quiero sentir miedo, no quiero querer esas cosas para mí.
No sé la razón para creer que no merezco sentir los mismos miedos o alegrías que se sienten normalmente, no sé porque no me creo merecedora del placer de que me abracen mientras lloro y me digan "todo va a estar bien". Que se preocupen por mi. No sé porque es impensable para mí que alguien se preocupe, que me llame, que me escuche.
No quiero quejarme de este monstruo en el que vivo, gris y vacío, lleno de colillas de cigarrillo, vomito de borracho y obras a medio terminar. No quiero el riesgo que implica creer, no quiero el miedo del abandono, no quiero síndromes de abstinencia.
Quiero algo de verdad, algo real. No quiero el cuento de hadas donde la princesa pierde la virginidad a los 20 minutos de conocer al príncipe pero no es señalada como puta, pero tampoco quiero una lucha perpetua con espadas para ver quien lastima primero. No quiero generar lástima. No quiero que me protejan de todo lo bueno del mundo, tampoco de lo malo. No quiero algo limpio, pulcro, perfecto, con olor a detergente y desinfectante. Quiero algo real, algo sucio, algo de sudor, algo de fe, algo de barro, algo tejido a mano.
Quiero una intimidad sincera, contar mis secretos porque estoy apostando, soñar porque estoy sintiendo, reír porque no estoy sufriendo. Quiero seguir porque estoy avanzando, creer porque estoy muriendo, cambiar porque estoy respirando, querer porque estoy queriendo.
Quiero cerrar los ojos y ver, escuchar a la distancia, saborear al planeta entero. Quiero un despertador, un detonador, quiero dinamita. Quiero luchar por mi pero no en contra de nadie. Quiero no ser menos pero tampoco más. Quiero vestirme como me siento cómoda, sentarme donde me plazca, fumar con remordimiento, tener pesadillas soñando, sentirme viva, incompleta, feliz.
Quiero estar a tu lado pero no encima, ni debajo. Quiero valer lo mismo, quiero darme la misma importancia. Quiero a mis amigos, mis mascotas, mis fantasías. Quiero mis libros. Quiero poder viajar y extrañar, quiero poder llevarme lo que extraño conmigo. Quiero poder dejar un poquito de mí en una almohada, un suspiro, un momento.
Quiero abrazos los días fríos, quiero cerveza todos los días. Quiero un río, un chocolate caliente con malvaviscos mientras llueve, un café en las mañanas, queso holandés, aceitunas, galletas, cereales para niños, naranjas, manzanas y kiwi. Quiero dulces y sal, mayonesa, tártara, vinagreta... Odio lo agridulce, es necesario. Quiero no ser juzgada... Pero eso es imposible.
Quiero conocer la sensación de que me digan la verdad. Quiero no morir engañada, llorar cada mes, quebrarme cada 6, sentirme mal cada año sin que eso me convierta en una maniática, porque no lo soy. Así como estuve feliz el resto del mes, el semestre, el año, puedo un día levantarme y sentir que presionaron demasiado, que necesito parar, que ya no vale, que ya no valgo... Te quiero también para esos momentos, porque para estar feliz está el sexo, las drogas y la música, pero para estar triste sólo tengo a las almohadas que están cansadas de cargar el peso de mi cabeza... Yo también.
Quiero por un segundo romper algunas promesas y lanzarme otra vez de cabeza sin sentir que me voy a romper. Quiero volver a empezar, devolver el tiempo, sentir que no me han roto, dormir con ese saco, dormir es esos brazos, no saber de más.
No tan despacio.
Quiero aprender a hablar y dejar de escribir.
Lula
miércoles, 2 de diciembre de 2015
martes, 17 de noviembre de 2015
Ficción Chantilly
...Y dijo "Te quiero" mientras se le metía entre las piernas.
Pobre Sofía.
Sintió como se abría paso y como se hundía en el corazón. Fue como si le atravesaran y le cortaran la desconfianza. Tanto sentimentalismo le revuelve a uno la cabeza. Esas cosas no le pasan a Sofía, esas cursilerías de película, de luz apagada, de abrazos, de besos tiernos, de orgasmos conscientes... De cariño, eso es como ciencia ficción.
Tal vez a Sofía si la han querido -después de todo nunca se puede saber lo que el otro siente- pero no así. El cariño de Sofía siempre ha tenido algo ahí, una espinita, ya sea porque sabe que le toca esforzarse por dos, por desconfianza o por ser consciente de su utilidad... Sabe lo que es un objeto.
Tal vez Sofía si ha querido, tiene poco tiempo y jura haber estado enamorada, tal vez sólo han sido trabas que se mezclan con cariño, a fin de cuentas el amor es para "pobres y maricas".
Es que el cariño hacia cada persona es distinto, es una mezcla de sensaciones, como sabores de helado. Con cada uno ella es un helado distinto y acaban comiéndosela y y dejando la servilleta por ahí. Cada persona es distinta, tiene su sabor, sus miedos, sus angustias, tiene eso que hace desconfiar... ¿Por qué él no?
Cuando a uno se le meten en la cabeza y se la untan de sentimientos, hay problemas. Sofía sabía eso, lo sabía de memoria, no es una niña, no tiene 6 años y no cree en cuentos de hadas, ni en seres buenos, ni en la sinceridad. Sabe que las mentiras son el pan de cada día, sabe que a los hombres les gusta jugar con muñecas como si fueran de plástico, tal vez porque en la infancia el estereotipo no los dejó acercarse a una Barbie. Sabe que no hay que creer en nadie, pero también sabe que ya le rompieron el corazón y no murió, sabe que es inmortal, invencible, sabe exactamente como se siente, sabe por qué las acciones borran las palabras.
Lo sabe todo, no sabe nada. Sabe que pasó pero no que está pasando... ¿"Te quiero"?¿No se supone que iba a levantar la muralla para dejar de ser un libro viejo, para dejar de ser una servilleta de restaurante, para no dejar entrar a nadie? La vida da vueltas inexplicables y hay cosas incontrolables... ¿Se preocupan por ella?¿Quién sería tan pendejo de preocuparse por una peladita que es de follar y botar?¿Quién sería tan idiota de creer que se pueden preocupar por alguien así?
Sofía nunca lo había hecho así, dulce, cálido, cargado de sentimiento. Nunca se la habían comido con ternura. Siempre se cuidó que fuera algo salvaje, físico, rudo, como quitarse una molestia de encima con violencia, así la vida era más fácil. Hay cosas que no vale la pena untar de sentimiento...Valía... Esa noche, en una realidad alterada, la luz apagada y un "te quiero" entre las piernas, la razón no podía entrar por la ventana, no cabía. El aire estaba saturado de una sustancia pegajosa, desconocida... ¿Qué es eso?... Era un ambiente vomitivo, tierno, frágil, personal... Y Sofía estaba a gusto.
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Le están revolviendo la cabeza, como crema chantilly. No siente que sea muy pronto, podrían pasar 50 años y esa inquietud seguiría ahí... Le están bajando los sentimiento y se los dejan entre las piernas, los mezclan con lujuria y se le cagan el orden interno que tiene, la separación, la regla de estar mas sola que nunca mientras se le retuercen las piernas de placer.
Y lo más desconcertante es que no tiene miedo, como un animal que llevan cómodamente al matadero, como un preso al que le dan su ultima cena antes de cumplir su pena de muerte, como un enfermo terminal que ya no llora... Sofía está asustada, pero ya no es miedo, ya no es pánico, ya es más fuerte. Ya no da un paso atrás, sabe que debió correr, hace mucho, sabe que está prohibido quedarse a dormir en casa ajena, hablar después de venirse, escribir, preguntar. Sabe que está rompiendo todas las reglas al tiempo, que se está dejando ver vulnerable y que eso se paga. Sabe que ella es siempre la pendeja... Sabe que ella siempre paga.
Sofía sabe que esa voz tiene algo... Algo letal.
-Belcebú.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Plegaria a la cafeína.
A la gente se le pasa la vida pensando en como se pasa la vida... La gente es rara.
¿Y si me pierdo?
En ese mar de números y cuadriculas es tan fácil quedar atrapado que es inevitable plantearse la pregunta... ¿Y si me pierdo?¿Y si me olvido?¿Y si no escribo?
Me gusta plantear que es problema de la Lula del futuro... Pero soy la Lula del futuro para alguien en el pasado ¿Y si lo hice mal?
No dormir nos pone existenciales, por eso la gente feliz duerme, ríe, come, sueña, sospecha... ¿Sospecha?¿Qué sospecha?... Ellos saben algo que nosotros no... Acabo de excluirme del grupo de gente "feliz", últimamente estoy muy feliz, no sé porqué hice eso, estoy improvisando... Es el sueño
Debe ser la edad, lo lejos que estoy de acabar, de entender, lo mucho que me falta explorar, lo mucho que aún debo preguntar, el poco tiempo para leer, lo volátil de un orgasmo, el hambre, el estrés, lo poco que puedo dormir... Es eso, es el sueño...
La vida se nos pasa y no apreciamos cosas como noches de sueño tranquilas, acompañadas, salvajes, tiernas, vacías de intención... La vida se nos pasa y no nos damos cuenta del valor de los segundos, no los atrapamos, no los retenemos, los dejamos explotar en nuestra nariz. Explotan. Se pierden. Se desmaterializan. Se duermen en nuestra memoria y mueren. Se pasan... Que no se nos pase... No quiero.
El sueño pesado, atontador y doloroso es una sensación horrible.
Que no se nos acabe el café.
Amén.
¿Y si me pierdo?
En ese mar de números y cuadriculas es tan fácil quedar atrapado que es inevitable plantearse la pregunta... ¿Y si me pierdo?¿Y si me olvido?¿Y si no escribo?
Me gusta plantear que es problema de la Lula del futuro... Pero soy la Lula del futuro para alguien en el pasado ¿Y si lo hice mal?
No dormir nos pone existenciales, por eso la gente feliz duerme, ríe, come, sueña, sospecha... ¿Sospecha?¿Qué sospecha?... Ellos saben algo que nosotros no... Acabo de excluirme del grupo de gente "feliz", últimamente estoy muy feliz, no sé porqué hice eso, estoy improvisando... Es el sueño
Debe ser la edad, lo lejos que estoy de acabar, de entender, lo mucho que me falta explorar, lo mucho que aún debo preguntar, el poco tiempo para leer, lo volátil de un orgasmo, el hambre, el estrés, lo poco que puedo dormir... Es eso, es el sueño...
La vida se nos pasa y no apreciamos cosas como noches de sueño tranquilas, acompañadas, salvajes, tiernas, vacías de intención... La vida se nos pasa y no nos damos cuenta del valor de los segundos, no los atrapamos, no los retenemos, los dejamos explotar en nuestra nariz. Explotan. Se pierden. Se desmaterializan. Se duermen en nuestra memoria y mueren. Se pasan... Que no se nos pase... No quiero.
El sueño pesado, atontador y doloroso es una sensación horrible.
Que no se nos acabe el café.
Amén.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Ambiciones y no exigencias
Hoy quiero escribirte porque nunca te he escrito, porque te atravesaste en mi vida, porque llegaste en el peor momento y con la peor sonrisa... Esa sincera. Hoy quiero escribirte porque llevaba meses sin sentir ganas de llorar de alegría, sin poder calcular cuanta felicidad sentía, sin petrificarme por el miedo a confiar.
Hoy hace frío, llovió, es un día gris y muerto, como te gusta.
Hoy me pongo una cobija, me siento en el sofá, pongo a Yann Tiersen y escribo, sonrío, lagrimeo, me emociono... No sé porqué estoy así. Al principio creí que era tristeza y me di cuenta que no, no es tristeza, no es ese dolor en la boca del estómago que me venía atormentando hace tanto tiempo... No estoy sola, no estoy adolorida, no siento amargura ni impotencia... No es eso.
Hoy miro la noche por mi ventana caer lentamente sobre mi vida, sobre mis ojos, la veo comerse mis sueños y abrazar mis esperanzas. Pienso en dónde están los tuyos, pienso en tus metas, tus misteriosos anhelos , tus ojitos. Pienso en el poquito, en el minúsculo tiempo que hemos compartido, en los átomos que han viajado a través del poco espacio que nos separa cuando nos vemos, en lo lindo que ha sido, en las ilusiones frágiles como burbujas de jabón que se apelmazan en la cabecera de tu cama cuando me despierto y te veo dando vueltas esperando a que abra los ojos. Me obligo a abrirlos para no dejarte sólo, me obligo a dejarme conocer para que te sientas bien, me obligo a no sentir miedo, peor cuando soy consciente que no tengo miedo siento ansiedad, y llegas tú y me das un beso y toda la ansiedad, el miedo, la conciencia, el sueño desaparecen.
Mientras escribo esto se enfría mi chocolate, es de noche, suena La valse d' Amélie y no estoy triste, pero no puedo ver, las lagrimas están impidiendo que el tacto de mi corazón pueda organizarse en letras digitales frente a esta máquina que nos ha deshumanizado... Aún así la prefiero sobre las cartas escritas, siempre que escribo con puño y letra es porque la desolación no me permite teclear.
No puedo dejar de pensar en ti y de sonreír, tengo miedo al cariño, al apego, al "te amo", es una palabra muy grande, más que "feliz" y tiene dos letras menos. Aún no... Ojalá me des tiempo.
Me ilusiona tu ranciedad, tus orejas rojas cuando te invade la pena, tu risa sin sentido en estado más grande de atontamiento que te rodea cuando tu corazón se llena de fuertes emociones, tus ojitos cuando me miran desde abajo y se ven más grandes, tus manos, tu nariz, tus besos, tu seriedad. Me absorbe tu esencia, eso que te vuelve y te define, no lo puedo describir, eso por lo que me preguntas todas las mañanas porque te enloquece que exista algo que no puedes controlar. Me intriga que quieras controlar cada pequeño espacio del universo y me fascina desordenar esos patrones para revolverte la cabeza, salirme de tus esquemas, revolverte las neuronas.
Es que quiero entrar en ti y desordenarte, quiero que no entiendas qué pasa, cuándo pasa ni cómo. Quiero hacer estragos como una tierna ventisca que acabó con las casitas de palo de los niños en el bosque. Quiero ser tu caos, tu detonante, quiero que explotes para que te vuelvas a organizar y descubras cosas de ti que no sabías, quiero que no te aburras de lo que eres, que te descubras, que te enfrentes y te ganes... Y después me abraces y me pidas que me quede.
Me embriaga el sonido de tu voz a través de tu pecho, tu obsesión con las horas del día, tu odio por el sol y el calor, tu profunda pelea con el orden de tu casa, tus ganas controladas, tus miedos disfrazados, tu curiosidad insaciable, tu incredulidad ante mi posición de la vida "grande", tu inocencia, tu falta de fetiches, tu abundancia de palabras. No entiendo tu amor por las ciudades, lo lúgubre, el duelo sobre el sexo, las llamadas.
Despertar, tomar conciencia, escuchar una voz grave hablándome con dulce sinceridad mientras me pide que me levante, que es hora... Eso lo vale, vale el día, vale la semana, vale la pequeña muerte que viene con abandonar las cobijas y almohada a su suerte.
Es maravillosa tu obsesión por poner bien mi tecla Y y H, por ser el mejor en lo que haces y por conocer la raíz de mi tripofobia, mi miedo con el dinero, mi rechazo a las relaciones, mis últimas lagrimas, mis puntos de cosquillas. Es increíble cuantas preguntas tienes para mi.
Quiero que trates de dejar el cigarrillo y odies que yo sea tan mala influencia... Quiero nunca olvidar que me dejaste entrar primero en tu vida y después en tu cama.
Quiero tu centro, tu núcleo tiene esa parte adulta de contador de estrellas con la que luchas revelándote con cosas simples como estudiando. Quiero tu comprensión por los otros y tu odio a los ineptos y prepotentes. Quiero desesperadamente tus miedos incomprensibles y las cosas que ocultas, todo eso que se esconde detrás de tus camisas de cuadros, los quiero para mi... Sólo un pedacito... Sólo una pequeña parte.
Quiero que sonrías, te apenes, me abraces, me pidas bailar contigo, me bailes en el carro, me conozcas y me preguntes por qué me pareces loco, me dejes jugar con tu Darth Vader cara de papa, quiero escribirte en el tablero cosas que no entiendas. Quiero que me dejes leer tus pensamientos y que me des las gracias tanto como yo digo "lo siento".
Quiero todo.
Quiero que no se me salga un "te quiero"...
Lula
Hoy hace frío, llovió, es un día gris y muerto, como te gusta.
Hoy me pongo una cobija, me siento en el sofá, pongo a Yann Tiersen y escribo, sonrío, lagrimeo, me emociono... No sé porqué estoy así. Al principio creí que era tristeza y me di cuenta que no, no es tristeza, no es ese dolor en la boca del estómago que me venía atormentando hace tanto tiempo... No estoy sola, no estoy adolorida, no siento amargura ni impotencia... No es eso.
Hoy miro la noche por mi ventana caer lentamente sobre mi vida, sobre mis ojos, la veo comerse mis sueños y abrazar mis esperanzas. Pienso en dónde están los tuyos, pienso en tus metas, tus misteriosos anhelos , tus ojitos. Pienso en el poquito, en el minúsculo tiempo que hemos compartido, en los átomos que han viajado a través del poco espacio que nos separa cuando nos vemos, en lo lindo que ha sido, en las ilusiones frágiles como burbujas de jabón que se apelmazan en la cabecera de tu cama cuando me despierto y te veo dando vueltas esperando a que abra los ojos. Me obligo a abrirlos para no dejarte sólo, me obligo a dejarme conocer para que te sientas bien, me obligo a no sentir miedo, peor cuando soy consciente que no tengo miedo siento ansiedad, y llegas tú y me das un beso y toda la ansiedad, el miedo, la conciencia, el sueño desaparecen.
Mientras escribo esto se enfría mi chocolate, es de noche, suena La valse d' Amélie y no estoy triste, pero no puedo ver, las lagrimas están impidiendo que el tacto de mi corazón pueda organizarse en letras digitales frente a esta máquina que nos ha deshumanizado... Aún así la prefiero sobre las cartas escritas, siempre que escribo con puño y letra es porque la desolación no me permite teclear.
No puedo dejar de pensar en ti y de sonreír, tengo miedo al cariño, al apego, al "te amo", es una palabra muy grande, más que "feliz" y tiene dos letras menos. Aún no... Ojalá me des tiempo.
Me ilusiona tu ranciedad, tus orejas rojas cuando te invade la pena, tu risa sin sentido en estado más grande de atontamiento que te rodea cuando tu corazón se llena de fuertes emociones, tus ojitos cuando me miran desde abajo y se ven más grandes, tus manos, tu nariz, tus besos, tu seriedad. Me absorbe tu esencia, eso que te vuelve y te define, no lo puedo describir, eso por lo que me preguntas todas las mañanas porque te enloquece que exista algo que no puedes controlar. Me intriga que quieras controlar cada pequeño espacio del universo y me fascina desordenar esos patrones para revolverte la cabeza, salirme de tus esquemas, revolverte las neuronas.
Es que quiero entrar en ti y desordenarte, quiero que no entiendas qué pasa, cuándo pasa ni cómo. Quiero hacer estragos como una tierna ventisca que acabó con las casitas de palo de los niños en el bosque. Quiero ser tu caos, tu detonante, quiero que explotes para que te vuelvas a organizar y descubras cosas de ti que no sabías, quiero que no te aburras de lo que eres, que te descubras, que te enfrentes y te ganes... Y después me abraces y me pidas que me quede.
Me embriaga el sonido de tu voz a través de tu pecho, tu obsesión con las horas del día, tu odio por el sol y el calor, tu profunda pelea con el orden de tu casa, tus ganas controladas, tus miedos disfrazados, tu curiosidad insaciable, tu incredulidad ante mi posición de la vida "grande", tu inocencia, tu falta de fetiches, tu abundancia de palabras. No entiendo tu amor por las ciudades, lo lúgubre, el duelo sobre el sexo, las llamadas.
Despertar, tomar conciencia, escuchar una voz grave hablándome con dulce sinceridad mientras me pide que me levante, que es hora... Eso lo vale, vale el día, vale la semana, vale la pequeña muerte que viene con abandonar las cobijas y almohada a su suerte.
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Es maravillosa tu obsesión por poner bien mi tecla Y y H, por ser el mejor en lo que haces y por conocer la raíz de mi tripofobia, mi miedo con el dinero, mi rechazo a las relaciones, mis últimas lagrimas, mis puntos de cosquillas. Es increíble cuantas preguntas tienes para mi.
Quiero que trates de dejar el cigarrillo y odies que yo sea tan mala influencia... Quiero nunca olvidar que me dejaste entrar primero en tu vida y después en tu cama.
Quiero tu centro, tu núcleo tiene esa parte adulta de contador de estrellas con la que luchas revelándote con cosas simples como estudiando. Quiero tu comprensión por los otros y tu odio a los ineptos y prepotentes. Quiero desesperadamente tus miedos incomprensibles y las cosas que ocultas, todo eso que se esconde detrás de tus camisas de cuadros, los quiero para mi... Sólo un pedacito... Sólo una pequeña parte.
Quiero que sonrías, te apenes, me abraces, me pidas bailar contigo, me bailes en el carro, me conozcas y me preguntes por qué me pareces loco, me dejes jugar con tu Darth Vader cara de papa, quiero escribirte en el tablero cosas que no entiendas. Quiero que me dejes leer tus pensamientos y que me des las gracias tanto como yo digo "lo siento".
Quiero todo.
Quiero que no se me salga un "te quiero"...
Lula
lunes, 12 de octubre de 2015
2 Meses 22 días
- Y el hombre se hinchó y murió porque nunca pudo estallar... Eso pasa con esa horrible comida.
- Oye Sophie, perdoname. Todo ha sido muy confuso y muy miedoso desde hace meses, merecías que te tratara mejor.
- Wow... Ni que fuéramos novios -sonrió- Que mal chiste.
- ¿Sabes cuándo me di cuenta que teniamos que terminar? No sé si te lo dije.
- No... O no me acuerdo
- Una noche que te pregunte si no podiamos querernos y ya, y tu me dijiste que no. En ese momento me dio mucha rabia, pero después me di cuenta que todo el tiempo fui yo el del problema, tu ya lo presentías y me decías que no querías ser esa novia de un sólo rato. Yo te decía que no te preocuparas, pero la verdad es que no planeaba nada a futuro. Al final me cogió la vida con los calzones abajo, queriendo estar contigo pero sin tener idea de que hacer...
Supongo que lo quiero decir es que lo siento... Y que debí haber pensado todo mejor.
- No necesariamente, así eres tú y a mi me costó bastante entenderlo… Tenemos prioridades distintas, eso es todo. Yo no puedo seguir siendo... Tú … Eres tú y no te juzgo por eso, esa era de las cosas que me gustaban de ti.
Sí lo vi venir y a veces por eso me ponía a llorar en el comedor o en la cama… A veces incluso antes de que te despertaras, pero era algo que tenía que pasar... Y mira, ninguno de los dos murió entonces no fue tan grave.
- Yo nunca quise que estuvieras triste por nada.
- No era algo que ninguno de los dos pudiera manejar.
- Solo te queria ver feliz.
Y sé que fue una patanada acabar las cosas así como las acabe.
- Pero aprendiste… Sólo no se lo vuelvas a hacer a nadie más.
No fue del todo tu culpa, obvio también fue culpa mía... Pero no se lo vuelvas a hacer a nadie…
- Lo siento.
- Ya no importa.
Bueno no… Si importa… O sea...
- Escupe... Sin rencores.
- Aún duele y aún no me acostumbro. Pero ya pasó y las cosas que pasan y que no han pasado son problema de otras personas, de las que fuimos y seremos, no de nosotros.
- Espero no desaparecerme de tu vida, me pareces una persona para no dejar ir.
- ¿No te hace más daño?
- No lo sé ¿A ti te hace daño?
- No lo sé. Nunca había vivido esto.
- ¿Pero quieres seguir intentando esto?
- No estamos intentando nada, sólo trato de olvidarte… Aunque hablarte me sirve de catarsis porque te estabas desdibujando en mi mente y te estabas volviendo un monstruo.
Yo nunca quise hacerte daño, ni forzarte a planear nada… Yo solo quería que fueras feliz y un día me di cuenta que ese “feliz” no iba a ser conmigo, no podía esforzarme por los dos.
- Lo siento, pensé que estábamos intentando...
- Esto va a sonar muy tonto pero tú y yo ya éramos amigos... Sólo peleamos, pero éramos amigos desde antes. Yo no estoy intentando nada porque tú te habías vuelto mi mejor amigo, sólo que ahora nos conocemos un poquito menos… Pero es como volver a hablar con un amigo con el que no hablaba hace rato.
- Gracias por tener esta conversación conmigo.
- Gracias a ti por escupir lo que sentías... Si ves, no es tan malo.
Tengo un "te extraño" en la mitad del corazón que no quiere salir porque sabe que quedará huérfano y se volverá un "adiós".
- ¿Sabes cuándo me di cuenta que teniamos que terminar? No sé si te lo dije.
- No... O no me acuerdo
- Una noche que te pregunte si no podiamos querernos y ya, y tu me dijiste que no. En ese momento me dio mucha rabia, pero después me di cuenta que todo el tiempo fui yo el del problema, tu ya lo presentías y me decías que no querías ser esa novia de un sólo rato. Yo te decía que no te preocuparas, pero la verdad es que no planeaba nada a futuro. Al final me cogió la vida con los calzones abajo, queriendo estar contigo pero sin tener idea de que hacer...
Supongo que lo quiero decir es que lo siento... Y que debí haber pensado todo mejor.
- No necesariamente, así eres tú y a mi me costó bastante entenderlo… Tenemos prioridades distintas, eso es todo. Yo no puedo seguir siendo... Tú … Eres tú y no te juzgo por eso, esa era de las cosas que me gustaban de ti.
Sí lo vi venir y a veces por eso me ponía a llorar en el comedor o en la cama… A veces incluso antes de que te despertaras, pero era algo que tenía que pasar... Y mira, ninguno de los dos murió entonces no fue tan grave.
- Yo nunca quise que estuvieras triste por nada.
- No era algo que ninguno de los dos pudiera manejar.
- Solo te queria ver feliz.
Y sé que fue una patanada acabar las cosas así como las acabe.
- Pero aprendiste… Sólo no se lo vuelvas a hacer a nadie más.
No fue del todo tu culpa, obvio también fue culpa mía... Pero no se lo vuelvas a hacer a nadie…
- Lo siento.
- Ya no importa.
Bueno no… Si importa… O sea...
- Escupe... Sin rencores.
- Aún duele y aún no me acostumbro. Pero ya pasó y las cosas que pasan y que no han pasado son problema de otras personas, de las que fuimos y seremos, no de nosotros.
- Espero no desaparecerme de tu vida, me pareces una persona para no dejar ir.
- ¿No te hace más daño?
- No lo sé ¿A ti te hace daño?
- No lo sé. Nunca había vivido esto.
- ¿Pero quieres seguir intentando esto?
- No estamos intentando nada, sólo trato de olvidarte… Aunque hablarte me sirve de catarsis porque te estabas desdibujando en mi mente y te estabas volviendo un monstruo.
Yo nunca quise hacerte daño, ni forzarte a planear nada… Yo solo quería que fueras feliz y un día me di cuenta que ese “feliz” no iba a ser conmigo, no podía esforzarme por los dos.
- Lo siento, pensé que estábamos intentando...
- Esto va a sonar muy tonto pero tú y yo ya éramos amigos... Sólo peleamos, pero éramos amigos desde antes. Yo no estoy intentando nada porque tú te habías vuelto mi mejor amigo, sólo que ahora nos conocemos un poquito menos… Pero es como volver a hablar con un amigo con el que no hablaba hace rato.
- Gracias por tener esta conversación conmigo.
- Gracias a ti por escupir lo que sentías... Si ves, no es tan malo.
Tengo un "te extraño" en la mitad del corazón que no quiere salir porque sabe que quedará huérfano y se volverá un "adiós".
domingo, 4 de octubre de 2015
Bombas
-¿Por qué no cantas?¿No te gusta cantar?
- Estoy cantando, pero si canto muy duro voy a romper el momento...
Los momentos son eso que flota en el aire y que se llena de sensaciones. Son frágiles y muy pocas veces perfectos... Son esos sueños que no recordamos, ese esfuerzo de los escritores por desarrollar los libros, ese color azul en la luz de la luna.
Los momentos están llenos de colores saboreables, es como estar perdido en un trip o tener un ataque de ansiedad. Los momentos saben a sal de lagrimas, latidos del corazón, helados de alegría y ganas de vomitar. Son increíblemente fuertes en ese pequeño espacio de tiempo, pero desaparecen, se vuelven débiles y tímidos viven en la cabeza de las personas esperando su muerte cuando los dejamos atrás o los reemplazamos.
Antes habría cantado, bailado, me habría quitado la ropa, habría sonreido... Pero ahora sé el valor de los momentos, son como una niebla espesa sobre la que si te mueves, desaparece. Esos son los momentos. Son tan frágiles que un sonido, una palabra, un estornudo los desvanece...
No siempre entiendo cuando el momento es perfecto, pero cuando sé que se va a quedar en mi, que me va a devolver las sensaciones, que no va a morir pronto, ahí los cuido... Trato de alargarlos, de retenerlos, de tocarlos con mis manos sin mover un sólo dedo... Y no canto, porque si intervengo en el momento, este se desvanece.
Me han regalado momentos memorables, momentos hermosos de esos que se van a quedar en mi por mucho tiempo, de esos que me van a doler cuando esto explote.
Los sentimientos son bombas de caucho que se llenan de momentos y sensaciones pero estallan con la realidad.
Lu
- Estoy cantando, pero si canto muy duro voy a romper el momento...
Los momentos son eso que flota en el aire y que se llena de sensaciones. Son frágiles y muy pocas veces perfectos... Son esos sueños que no recordamos, ese esfuerzo de los escritores por desarrollar los libros, ese color azul en la luz de la luna.
Los momentos están llenos de colores saboreables, es como estar perdido en un trip o tener un ataque de ansiedad. Los momentos saben a sal de lagrimas, latidos del corazón, helados de alegría y ganas de vomitar. Son increíblemente fuertes en ese pequeño espacio de tiempo, pero desaparecen, se vuelven débiles y tímidos viven en la cabeza de las personas esperando su muerte cuando los dejamos atrás o los reemplazamos.
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| http://www.freshphotography.com.au |
No siempre entiendo cuando el momento es perfecto, pero cuando sé que se va a quedar en mi, que me va a devolver las sensaciones, que no va a morir pronto, ahí los cuido... Trato de alargarlos, de retenerlos, de tocarlos con mis manos sin mover un sólo dedo... Y no canto, porque si intervengo en el momento, este se desvanece.
Me han regalado momentos memorables, momentos hermosos de esos que se van a quedar en mi por mucho tiempo, de esos que me van a doler cuando esto explote.
Los sentimientos son bombas de caucho que se llenan de momentos y sensaciones pero estallan con la realidad.
Lu
domingo, 6 de septiembre de 2015
Todo o nada
- ¿Tu crees en el amor?...
- En verdad no es cuestión de fe, no es una religión o sugestión, yo sentí algo muy fuerte y asumí que era amor, así que sí, yo creo que uno si puede amar.
El problema es que se necesita mucho tiempo para lograrlo, es como jugar poker mientras tomas, al principio apuestas poco, tratas de contar cartas, piensas las cosas. Pero el trago sigue llegando a la mesa y no quieres que vean que estás contando cartas, entonces toca seguir tomando... Tomas y tomas hasta que ya las fichas no parecen tan valiosas, subes apuestas, te encomiendas a la suerte como si no supieras que la casa gana, así no sea BackJack... La casa no es ella, ni tú... Y apuestas y te ríes, la adrenalina corre por tus venas, ganas una, dos, tres veces, tocas el cielo y te comes el mundo, eres un profesional, eres perfecto, eres un All In y... Caes. Ganaste mil veces, persiste una, eso es suficiente, lo perdiste todo.
Al día siguiente te despiertas con guayabo, lo recuerdas, estás en quiebra. No sólo es físico, es mental, te ganaron en tu juego... Así que pides ayuda, necesitas sobrevivir, llamas a tus amigos que te pagan algo que te deben o te regalan algún dinero mientras acaba el mes, pasas hambre y frío, sabes que hiciste algo mal pero se sintió tan bien... Algunos te prestan buscando que les debas algo, te das cuenta quién es quien, no sólo perdiste plata, también gente. Perdiste el doble.
Pasan los meses, te levantas, ahorras, sabes que ya tienes para algunas fichas, está bien, aún no las vas a apostar, no tienes la confianza, tienes miedo.
Pagas deudas, vuelves a salir con tus amigos, hablan, ríes poco, pasa el tiempo, ríes mucho...
Tienes recuerdos de esa noche, sientes nostalgia, rabia, alegría. Te vuelves más sabio, más sensato, lo tienes bajo control.
Un día alguien propone una partida de poker, tal vez no asistas, corres, no eres tonto, eres invencible. Sigues tu vida, vuelve a pasar, una segunda o tercera vez, ya no recuerdas cuantas veces dijiste que no, te dan ganas, sólo una partida, sólo una ficha... Apuestas una, dos, tres, no tomas, no ganas, no pierdes. Crees que puedes controlarlo, vuelves, apuestas una, dos, tres... No tomas... Sí tomas... Crees que el trago fue el problema... Una cerveza, dos, tres, más fichas, más tiempo, más juego... Y en menos de nada estás borracho, apuestas y apuestas, tal vez te retires pero eventualmente caes y sonríes porque caíste, eso hace el trago, te hace sonreír... Y lo apuestas todo ¿Que tal esta vez ganes?
- Es como si me preguntaras si creo en que se puede estar borracho
Es que amar es algo para siempre.
Lu
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