sábado, 26 de octubre de 2013

Estar jodido

  Uno sabe que está jodido cuando se toma una botella de vino sola, en la casa, pensando en lo que pudo ser la vida si años atrás no se hubiesen cometido tantos errores.
  Uno sabe que está jodido cuando está en la oficina, le baja el periodo y se mancha. 
  Uno sabe que está jodido cuando deja de hablar para estar más tiempo nadando en fantasías en lo más profundo de su alma, cuando prefiere la ficción a la realidad y cuando no soporta mirarse a un espejo.
  Uno sabe que está jodido cuando ni los obreros lo morbosean.
  Uno sabe que está jodido cuando lagrimea en el transporte público, cuando solloza en un café y cuando se queda bajo la lluvia esperando que las gotas lleguen a algún lugar del corazón y limpien algo que no está bien.
   Uno sabe que está jodido cuando le ceden una silla para discapacitados, mujeres embarazadas o niños.
   Uno sabe que está jodido cuando le toca hacer fuerza para no llorar, cuando se muerde los labios para reír y cuando lee para olvidar.
   Uno sabe que está jodido cuando dice "Todo está  bien" o cuando pronuncia "Estoy de mal genio" para disimular algún otro sentimiento.
   Uno sabe que está jodido cuando desempaca cosas y llega a la caja que dice "delicado" donde hay cosas tan bonitas, tan llenas de recuerdos que las bota a la basura, para que no puedan hacer más daño.
    Uno sabe que está jodido cuando pierde las llaves o la tarjeta de identificación.
   Uno sabe que está jodido cuando no tiene para el bus, o cuando no le importa no tener para el almuerzo porque sabe que ese nudo en el estómago no se va a deshacer y no va a sentir hambre.
   Uno sabe que está jodido cuando se obliga a comer, a ir a fiestas o a socializar. Cuando se obliga a no fumar, a no tomar, a no suspirar, cuando se obliga a ser fuerte y no comportarse como un niño pequeño para no hacer berrinches por cosas que ya no tienen sentido.
   Uno sabe que está jodido cuando pisa mierda, cuando no hay papel en el baño, cuando se acabó el mercado, cuando no hay internet, ni televisión, ni hay nadie a quien llamar.
   Uno sabe que está jodido cuando le cortan el celular y nadie lo nota, cuando no va a trabajar y nadie lo pregunta, cuando no habla con nadie y nadie lo extraña.
   Uno sabe que está jodido cuando necesita alguien con quien hablar en la noche y todas las fiestas son más importantes que uno.
   Uno sabe que está jodido cuando se le para un halcón encima. 


  Uno sabe que está jodido... Cuando hace una lista para saber que está realmente jodido.

- Lula

jueves, 24 de octubre de 2013

Viajar

Hoy lagrimié de pensar que Nicolás no va a tener más donde encontrarme... Después pensé en lo estúpida que soy al pensar que va a buscarme...

lunes, 21 de octubre de 2013

Miento.


Las mujeres prefieren la gastritis que la diabetes... Me lo dijo alguien hace poco. Para mi eso es una total mentira. Miento.

Soy una persona que no confía en nadie porque soy capaz de decir mentiras con tal fluidez que parecen espejismos, pero juro solemnemente que me voy a enamorar del próximo que sea transparentemente dulce conmigo. Miento.

Hace años no me invitan a un plan de comer helado, salir a un parque o ver un atardecer. Ahora todos los planes son amargos como el café y peligrosos como el Tequila. Todos los planes involucran un cuarto oscuro, manoseadas, indirectas, lascivia y demás. Ya nada involucra hacer reír al otro, mostrarle los placeres de la Nutella sobre un pan tostado o preocuparse porque no sienta frío mientras se está en el parque hablando sobre las nubes que se acumulan en las neuronas y hacen figuras graciosas sobre las pupilas. 

Le juré amor eterno a alguien que me llevaba a comer maíz de colores, que me hacía reír con apuestas en el parque, que disfrutaba untarme una malteada de macadamia en los cachetes y limpiarme con la servilleta que tenía chocolate. Miento. Le juré amor eterno a alguien que me perseguía entre los cafetales con el afán de que yo no parara de sonreír ni encontrara una serpiente venenosa, a ese que me regalaba flores de dulce y lunas de chocolate blanco. Miento.

Creo que uno puede jurar amor eterno cuando es pequeño porque en ese entonces todo es más dulce, porque los planes vienen cargados de alegría y la vida no alcanza para sonreír lo que soñamos... Pero ahora somos un corazón duro, lleno de responsabilidades y heridas que dejó la diabetes, heridas demasiado dolorosas para olvidarse. Ahora miento.

Lo que las mujeres  quieren es alguien que les haga olvidar que en algún momento le faltó dulce a su vida... Yo quiero alguien que remplace la gastritis por sonrisas, alguien que endulce los sueños oscuros que hacen sentir nauseas. Miento.

Quiero alguien dulce, pero que no me produzca diabetes. Miento en lo que quiero.

Miento. Quiero café.

No quiero.

- Lula 

sábado, 19 de octubre de 2013

Una adicción


- ¿Y si nos vamos juntos al infierno?

- Una eternidad es mucho. -Dijo mientras calculaba cuanto tardaría el cigarrillo en quemarse. 

- Deberías dejar de fumar, eso ya es una adicción. 

- Ya soy adicta a cosas peores. 

- ¿Estás insinuando algo? - Trató de mirarla a los ojos, pero ella estaba buscando el encendedor en su bolsillo. 

- Estoy tratando de decirte que si fumo o no, no es problema tuyo. 

- ¡Sí es problema mío!. - Hubo un silencio incómodo. Él hace mucho no levantaba la voz y ella no estaba del todo bien con eso.

- No lo es, al final tu siempre te vas. Si me pasara algo tal vez me mandarías un mensaje, una tarjeta o una carta desde otro lugar... Si quieres, puedes no enviarme nada. -Dijo ella. Era el cuarto cigarrillo que se fumaba desde que sirvieron el café, él la ponía ansiosa y el café era demasiado amargo... El de los dos. 

- Te extrañaría, iría al infierno a buscarte y me quedaría allá contigo. - Las palabras se ahogaban, él gritaba pero ella había construido un muro de cristal entre los dos, de un cristal irrompible que sólo le permitía verla. 

- No me encontrarías, no te darían permiso... - Los ojos se le aguaban, sentía como se empañaban sus pestañas y como rozaban el lente de las gafas que ahora tenía lineas delicadas de tristeza. 

- No necesito permiso para hacerte sentir. - La rabia se había ido, ahora los cigarrillos eran lo de menos, ahora lo que lo inquietaba era el tono desolador de cada una de las palabras de ella, ese tono que congelaba la densa atmósfera y agujereaba los sentimientos. 


- Ya no puedes... - Se atragantó con café, un café frío e insípido. Le daba miedo pronunciar esas palabras, sabía que algo se iba a quebrar después de eso. 

- ¿Ya no puedo qué? ¿Ya no puedo verte sin sentir que necesito tus abrazos, que si no te tengo cerca no veo, que si no sonríes me falta aire? - Efectivamente, el aire se iba agotando entre los dos. 

- Deja ya la cursilería, eso a ti no se te da bien. 

- ¡Es verdad! -Se puso de pie, nadie en el café volteó la mirada, nadie quería contagiarse con esa lúgubre aura. 

- ¡Me mientes! - Respondió ella en el mismo tono, estaba alterada y dos tiernas lágrimas le recorrían las frías mejillas. El cigarrillo se apagó. 

- Tengo algo que decirte... - Se sentó - La verdad es que me muero por darte un beso, sé que nunca lo he hecho pero... - Sonó su celular, la miró, miró su celular, volvió a mirar. Dudó si contestar.

- Contesta - Dijo ella, se limpió las lagrimas, tomó su maleta y se levantó. - Adiós. 

Caminó hacia la puerta y salió, empezó a nevar, en una ciudad donde nunca nieva... Él se levantó rapidamente, pero en la salida del café la mesera le pidió el favor de que pagara la cuenta. Pagó a toda prisa y cuando salió ella ya no estaba. 

Él no pudo decirle que ya no tenía nada con la mujer de la llamada.

Ella dobló la esquina, cruzó la calle, disfrutó del frío clavandose como mil agujas en las piernas bajo la bonita falda y en sus manos mientras encendía otro cigarrillo. Contempló la nieve del infierno caer a su alrededor y sintió que las lagrimas se congelaban sobre su cara. No estaba segura de donde estaba, en un recuerdo o en un sueño, así que siguió caminando. Caminó hasta el lugar donde se acababa la imaginación y desapareció en un abrir de ojos... 

Ella no pudo decirle, él no estaba con ella... Soñar con él, eso ya es una adicción.

-Lu

viernes, 11 de octubre de 2013

Las tortugas se parecen a los libros.


Tengo una colección de tortugas, unas grandes, otras chiquitas, unas de cobre, madera, cerámica o arcilla, tela, cuero... Todas esas tortugas han sido regalos, nunca he comprado una por mi cuenta, supongo que la gente siempre que ve una tortuga recuerda lo mucho que yo las amo y me las regala. 


También tengo una colección de libros; de comedia, tragedia, obras, poemas, libros de 50 páginas y sagas casi completas... Tengo muchos libros, pero de vez en cuando los regalo porque los libros me traen recuerdos, me traen más recuerdos las tortugas, aunque los libros los he comprado yo... Muy pocos me regalan libros.

Tengo tortugas de todos los hombres que me han hecho sonreír...  Y de algunas mujeres.


Las tortugas son como mis días, hay unas pesadas, otras ligeras, unas que al caer hacen ruido y rompen baldosas y otras que simplemente se quiebran, unas claras, otras oscuras, unas sonríen y otras lloran. Tengo algunas tortugas rotas de algunas mudanzas, tengo algunos recuerdos rotos de algunas sonrisas. Tengo fotos, formas, llaveros, dibujos, aretes, collares e incluso un peluche que me trajo mi hermano de un viaje... Cualquiera que no me haya regalado una tortuga es porque no me conoce.

Cada vez que las veo me hacen sonreír. Cada una guarda un secreto distinto, cada una me recuerda una razón para que me la regalaran y una historia que terminó... Cada una me llena de una alegría nostálgica que tienen las cartas viejas o los abrazos empolvados. 


Cada libro significa alguien a quien no volveré a ver, un personaje que leí, conocí, me enamoré, lloré, me emocioné y ahora ya no existe. Es como si hubiera peleado irremediablemente con él y ya no habláramos, como si lo hubiera matado. Cada libro tiene nostalgia, como la nostalgia de las tortugas, como la nostalgia que te hace sentir alguien que vas a extrañar... En eso mis tortugas son como mis libros. 


Pero puedo soportar más fácil la melancolía de perder a alguien que me diera una tortuga a alguien que me dejó leerlo, porque por lo general los personajes de los libros son, por eso a este viaje sólo voy a llevar un libro que aún no he leído y una serie interminable de tortugas. 

Sólo he perdido una tortuga. Cuando la veía me hacía llorar;  era la tortuga que me regaló en Octubre alguien que está muerto, no como los personajes de los libros, está muerto de verdad... Es la única tortuga a la que menosprecié, tal vez porque la apreciaba demasiado.  

... Si yo escribiera un libro sobre las personas que me regalaron tortugas, seguro serían historias perfectas. 


- Lu

lunes, 7 de octubre de 2013

Paseo en bicicleta


A veces necesito ir en bicicleta por la carretera para que nadie interrumpa mis  pensamientos sin sentido.


Desde mi bicicleta veo la luna, alcanzo a ver a algún lunático mirando a la tierra, extrañando a alguien.


Desde mi bicicleta veo Mercurio, hay dos personas muy apasionadas peleando por hacer sonreír a una nube.



Desde mi bicicleta veo Venus, hay un hombre escribiendo una carta pidiendo volver, el pobre se fue hasta allá porque le dijeron que las mujeres son de Venus y él quería entenderlas, pero ahora sólo quiere irse lejos porque no puede entender a una en especial y eso lo lastima.


Desde mi bicicleta veo Marte, hay una marciana bailando el vals con un elefante acuático como lo dicta la tradición, pero ella no quiere bailar vals, ella quiere viajar a la Luna a buscar al hombre que extraña alguien en la Tierra para hacerle olvidar la soledad de los satélites. 


 Desde mi bicicleta veo Júpiter y me siento pequeña. Hay alguien allá que se siente aplastante 9 de cada 10 días, pero ese día, justo cuando voy en mi bicicleta él se siente feliz y no le importa ser aplastante porque a las hormigas  de Júpiter eso no se les da bien.


Desde mi bicicleta veo Saturno. Dicen que uno de los primeros astronautas fue hasta ese planeta con su novia para pedirle matrimonio y le dio un anillo tan hermoso que ella se enamoró del anillo y lo olvidó a él. Ahora él no puede mirar a Saturno porque siente nostalgia por el anillo que esa mujer le robó.



Desde mi bicicleta veo Urano y siento frío. La persona más feliz del mundo pisó Urano y olvidó lo que era la felicidad y el calor. Como olvidó que era la felicidad no sintió necesidad de volverla a buscar, no desea nada que no tenga y no le angustia nada... ¿No es eso estar feliz?. Algún día voy a ir allí a congelar mis sentimientos.



Desde mi bicicleta veo Neptuno, no puedo ver a nadie porque la gente que vivía allí decidió mudarse a un lugar más cálido y llegaron a la tierra. Ahora el planeta está triste y le pide a Urano que le congele la tristeza. 


Veo historias en el cielo pero no encuentro historias en la tierra. 

- Lula

http://www.huffingtonpost.es/2013/06/27/asi-se-verian-los-planeta_n_3508459.html

sábado, 5 de octubre de 2013

Anoche fuimos más sinceros



Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos.- Cicerón

Anoche me di cuenta de la importancia de tener fuerza, anoche simplemente me dije a mi misma "Tal vez no sea tan mala idea" y decidí no tratar de salir para evitar que apretaran más duro las manos que estaban contra mi cuello. Anoche parecía divertido.

Anoche alguien se fue sin mi, tal vez quería ser él el de las manos contra mi cuello... Por mi está bien, pero esta mañana metió los sentimientos en la mitad del ring y yo decidí cogerlos a puños antes de que me afectaran. 

Anoche llegué a buscar a alguien para decirle que creía que había perdido algo, una amistad, un cariño, un "te adoro". Ella también había perdido algo, pero ese algo era más grande que el mío, más grande que nuestra amistad, más grande que nuestras sonrisas y más grande que esas botellas de vodka vacías... Para recordarme que ambas habíamos perdido algo ese día, me miró a los ojos en medio de un mar de alcohol y lagrimas y me dijo: 


"No te parece triste que la única persona que realmente te ha valorado está muerta y es tu culpa"

En efecto, él está muerto, pero me gusta creer que está de viaje en alguno de los planetas y que está esperando a que yo decida viajar a buscarlo. 

También dijo: 

"Estás sola, no tienes nadie en quien confiar. Intenta llamar a alguien que venga a abrazarte y vas a ver que sólo hay vodka"

Evidentemente escribí y terminé dándome cuenta que ella tenía razón... Anoche nadie iba a ir a abrazarme, nadie de verdad. Así que de madrugada tomé vodka. 

Anoche ella sintió ira y dijo la verdad, yo también, pero esa ira se volvió tristeza e hice cosas que creía que debía hacer. Duele entender que en medio de lo que me dijo tenía razón, no tengo salvavidas... No tengo a nadie, no puedo perder nada... Yo puedo ser más fuerte que eso o al menos intentarlo. El único truco es no pensar, es tratar de fingir que nada pasó, que nada lastima.

Anoche perdí un "te adoro", sin embargo, lo que me quita el apetito fue que perdí la venda que usaba para no ver que la única persona que realmente me ha valorado está muerta, sin importar si es mi culpa o no... Está muerto. 


- Belcebu

Lejos

Volvió a leer el cuento corto. Ya lo sabía de memoria, pero le gustaba vivir en una vida que no era de ella. Cerró los ojos y se imaginó all...